sábado, 26 de abril de 2008

Perdida

Aún recuerdo su mirada. Su cuerpo. Su tacto. Desprendía morbo por cada poro de su piel.

Me hacía sentir viva cuando me besaba, cuando me tocaba. Era joven, en mi cuerpo aún se conservaban rasgos de mi niñez. Siempre dije que lo importante es lo que se lleva dentro, lo que se piensa, lo que se cree. Pensaba que el cuerpo era sólo un forro, que sentía lo que quisiera sentir la mente, que no era libre, que dependía de ella completamente. Pero cuando sentí sus dedos dentro de mi cuerpo, acariciando mi sexo, mi pecho..., quería dejar de pensar.

Notaba cómo su polla se hinchaba sobre mis pantalones. Notaba cómo, con grandeza y fuerza, quería rasgar la tela y entrar en mi cuerpo. Mi sexo quería. Mi mente no.

Era joven, quizá demasiado, quizá no estaba preparada, quizá me doliera, quizá..., quizá, ... Pero él no tenía esos problemas. Recuerdo cuando discutíamos, cuando me decía que su ex ya se la hubiera chupado, que su ex ya hubiera cabalgado sobre él. Era mayor que yo. Y era hombre. Ellos no piensan tanto las cosas. Ellos no piensan en nada. Parecía que todo se iba distanciando cada día más. Yo le amaba. No quería perderle. Y haría lo que hiciera falta para seguir caminando junto a él.

Era un jueves del mes de mayo. Lucía un Sol espléndido y en la brisa se podía percibir el olor de las primeras flores de la primavera. Me dirigía hacia su casa. Veríamos una película recostados sobre el sofá mientras las manos jugaban a esconderse en nuestros cuerpos.

Cuando me quise dar cuenta, estaba tirada, con él encima. Con las manos ascendía por mis piernas, apartando con suavidad el vestido blanco. Estaba sin pantalones y su grandeza se apoyaba cada vez más en mi.
Me folló. No pude evitarlo.

Aquel día se folló mi coño virgen. Se folló mi boca virgen.

Me mostró las gotitas de sangre que salían de mi sexo como un trofeo.

Había conseguido lo que quería. Lo único que quería. Follar el pequeño coño de una adolescente.

Caminaba por la calle. Veía mi vestido negro. Alejado de la pureza con la que antes había pasado por aquel lugar.


La mente no domina. Domina el cuerpo. Domina el deseo.

Había perdido.

Me habían arrebatado la inocencia que en mí quedaba, la vergüenza, la timidez, el temor, ...

Sólo me habían dejado lo que todavía hoy me sigue persiguiendo: el deseo.

2 comentarios:

Metalsaurio dijo...

Severyn, siempre que esta frase "Me folló. No pude evitarlo" no vaya asociada a una violación, me producirá una risa loca :)

Otra vez a viajar al olvido... dijo...

hermoso!